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Nuestro plan dietético se basa en una alimentación saludable para modificar o prevenir enfermedades como la obesidad o el sobrepeso de manera personalizada, gradual y natural para poder mantenerlo a lo largo del tiempo.
En la contribución a la reducción de la mortalidad intervienen varios factores como la biología humana (27%), el entorno (19%), el sistema sanitario (11%) y el más importante, los hábitos de vida (43%).
De esta manera podemos ver que sea cual sea nuestra carga genética, nuestro entorno o la asistencia médica que recibimos, seremos nosotros quién decidiremos nuestra calidad de vida.
Entendemos ahora, porque se habla tanto de los hábitos de vida saludables y de como estos influyen en la cantidad y calidad de nuestra vida. No hablamos de una dieta o de hacer ejercicio sino de un estilo de vida que tiene que perdurar en el tiempo llegando a formar parte de nuestra cotidianidad. Por esto es necesario que estos hábitos estén hechos a medida y que los construyamos nosotros mismos con la ayuda de personal médico experto en las diversas materias.
Los hábitos de vida que han demostrado contribuir a aumentar nuestra calidad de vida son el ejercicio, el abandono del tabaco, la moderación en el alcohol y la dieta saludable.
Las principales características de una alimentación saludable son:
- SUFICIENTE: sin excesos ni carencias.
- EQUILIBRADA: proporciones adecuadas.
- VARIADA: diariamente DEBERIA incluir: farináceos, hortalizas y verduras, frutas, lácticos, alimentos proteicos y grasas.
- AGRADABLE
El profesional de la dietética tiene que pasar las ingestas recomendadas en concepto de nutrientes a raciones de alimentos, respetando gustos, creencias, posibilidades y circunstancias de cada individuo.
Hay varias características que denominamos factores de riesgo cardiovasculares que aumentan la posibilidad de padecer infartos agudos de miocardio, infartos cerebrales o anginas de pecho (principales causas de mortalidad ). Algunos de estos factores no son modificables, como la edad, el sexo, o la carga genética, pero el resto sí, y todos ellos se pueden modular con una buena alimentación, no fumando y haciendo ejercicio.
Cada vez se piden niveles más bajos de colesterol porque se correlacionen con una mejor calidad y cantidad de vida. El colesterol LDL es lo que tiene que disminuir con dieta o fármacos porque es lo que implica un alto riesgo coronario. El colesterol HDL conviene tenerlo alto porque actúa como protector de enfermedades cardiovasculares.
Por otro lado, la dieta que hacemos es importante puesto que hay varios tipos de cánceres como el de mama, colon o estómago que se relacionan muy directamente con una ingesta rica en grasas saturadas y pobre en frutas y verduras.
Últimamente se habla de la oxidación como la llave para entender muchos aspectos de nuestro metabolismo y relacionarlos con el inicio de la arteriosclerosis, entre otras patologías. Pues bien, con la dieta se trata de alimentarse para proteger nuestro organismo de la oxidación y por lo tanto de enfermedades o de retrasar procesos naturales como el envejecimiento. Esto se puede hacer con la alimentación que denominamos saludable, modulando las grasas para hacerlos protectores de esta oxidación, es decir aumentando las grasas monosaturadas y disminuyendo las poliinsaturadas y saturados, aumentando el consumo de fibra, disminuyendo el de proteínas y ajustando las vitaminas que nos ayudan y protegen de esta oxidación.
La obesidad se caracteriza por un aumento de masa grasa y en consecuencia por un aumento de peso. Su importancia desde el punto de vista de la salud es que se relaciona con el incremento de la incidencia de varias patologías. Pero no todas las obesidades son iguales y no todas implican el mismo riesgo metabólico. El sobrepeso también implica un aumento de masa grasa aunque no tan importante y en determinadas personas puede suponer un incremento de riesgo cardiovascular.